Fue de este modo como averiguaron que don Ricardo Aldaya estaba hasta la mismísima y creciente coronilla de que todos le temiesen, le adulasen y se tendiesen en el suelo a su paso con vocación de esterilla.
Lo que escribió en su ensayo sobre la amistad es que en un amigo él no busca un montón de concesiones, una persona que le dé la razón en todo lo que diga.