Digo cuatro, si no eran cinco -respondió don Quijote-; porque en toda mi vida me han sacado diente ni muela de la boca, ni se me ha caído ni comido de neguijón ni de reuma alguna.
Por las tardes, a menudo se queda traspuesta dando pequeñas cabezadas sobre unos jerséis que van creciendo más y más despacio conforme el reumatismo vaga rotando sus dedos.