De hecho, en la actualidad podemos ver vestigios de aquellos rasgos lunares en el calendario musulmán y en algunas festividades de la tradición cristiana.
Y si se aguardaba una ocasión mejor, habría que posponer la invasión hasta el 19 de junio, cuando las condiciones de la marea y la luna volverían a ser favorables.
El efecto más inmediato del que nos daríamos cuenta es que las noches serían totalmente oscuras, desaparecerían las fases lunares y todas las noches serían luna nueva, o sea, sin luna.
Así que en lugar de seguir las fases de la Luna para determinar las fechas, el nuevo calendario juliano iba ahora a seguir la posición del Sol respecto a la Tierra.