¡Qué día más duro! -se dijo Hans al meterse en la cama- Pero me alegra mucho no haberme negado, porque el molinero es mi mejor amigo, y además, va a darme su carretilla.
¿No fuera más acertado haber despedido a Lotario, como otras muchas veces lo he hecho, que no ponerle en condición, como ya le he puesto, que me tenga por deshonesta y mala, siquiera este tiempo que he de tardar en desengañarle?
Antes de partir, me preguntaron si quería ir con ellos y yo les dije que no porque llevo sólo dos años estudiando español y mi nivel no es suficiente como para entender una conferencia de esa índole.