Por ello, fue reprendido por un fraile franciscano y arrepentido y para reparar dicha blasfemia, edificó una sala que adornó con el cordón de la Orden Franciscana, es: " La Sala del Cordón" .
El capitán les dijo que les perdonaría la vida si le aseguraban que se arrepentían de la traición que habían cometido y le juraban lealtad para recuperar el barco y llevarlo a Jamaica, de donde habían zarpado.