Cuando terminó la película, desde detrás de la pantalla, oí grandes aplausos y, discretamente, me deshice de mis proyectiles, dejándolos caer al suelo.
Por ejemplo, un proyectil del tamaño de una persona, al 95% de la velocidad de la luz, tendría tanta energía como todas las bombas nucleares de la Tierra.
Cuando se usa para cazar, la presa recibe muchos impactos pequeñitos, más o menos separados, en función de lo lejos que esté el que dispara, de la dispersión que hayan podido tener las postas.