Pasé estos tres días haciendo pequeñas cajas y cofres que pudieran contener una o dos libras de pólvora, a lo sumo y, guardando en ellos la pólvora, la almacené en lugares seguros y tan distantes entre sí como pude.
Graban digitalmente las conversaciones y los sonidos de cabina que se van produciendo, conservando cada vez entre los últimos 30 minutos y las dos últimas horas dependiendo del modelo.
Dicho esto, abrió Basanio el cofre de plomo y vió dentro de él, el retrato de la bella Porcia, con su frente rodeada de un marco de cabellos de oro y cuya apacible mirada parecía darle la bienvenida.
El equipo no pudo fiarse en la información de la caja negra ni la información registrada del avión, sino que solo pudo valerse de los datos existentes actualmente e incluso procedentes de internet para realizar la investigación.
Para los paleoantropólogos, los dientes humanos son como la caja negra de un avión: en ellos quedan registrados un montón de datos que sirven para hacerse una idea de la vida que llevaba su dueño.