Sin embargo, Darcy no pudo compartir con los demás la censura hacia Elizabeth, a pesar de la agudeza de la señorita Bingley al hacer chistes sobre ojos bonitos.
Los dos se entendían mejor que nadie y se iban a tomar algo, le encantaba tomarse su gambita, su cervecita, su historias, y los dos sólo estaban súper augusto.
Y lo que parecía una broma suya típica, un chascarrillo, se ha convertido en un problema real, porque ahora el partido corre el riesgo, claramente, de implosionar y de que cada uno se vaya a hacer la guerra por su cuenta.