Bueno, Pompeyo Con sus legiones frescas, con su instinto político intacto, ahí al acecho, se cruzan el camino a estos restos del ejército esclavo que intentaban escapar.
Estos bandoleros se acercaban al camino y acechaban enmascarados el paso de carretas, diligencias, arrieros o viajeros solitarios a los que sorprendían al grito de la bolsa o la vida.
Lo más acertado que me han dicho fueron palabras de un sacerdote, quien aseguró que esto es un demonio guardián, un depredador, esperando que en un descuido le entregue mi alma.