Muda de pavor cerró los ojos; era una mujer que empezaba a rodar por un terreno resbaladizo y a su paso, en lugar de ventanas, se abrían simas y el cielo le enseñaba las estrellas como un lobo de dientes.
Detuve el movimiento a la Giralda, pesé los Toros de Guisando, despeñéme en la sima y saqué a luz lo escondido de su abismo, y mis esperanzas, muertas que muertas, y sus mandamientos y desdenes, vivos que vivos.
Quise seguirla, y lo hiciera, si no me aconsejara Montesinos que no me cansase en ello, porque sería en balde, y más porque se llegaba la hora donde me convenía volver a salir de la sima.
Y, entonces, yo creo que, desde un punto de vista emocional, pero también desde un punto de vista científicamente frío, Benjamina es el fósil más importante de la Sima de los Huesos.
No sabíamos nada sobre él hasta que, en el yacimiento de la sima del elefante, en la Sierra de Atapuerca, el norte de España, aparecieron sus primeros restos.