Mientras su plasma da vueltas y fluye alrededor de sí mismo, el campo magnético se riza y retuerce, y crea nudos magnéticos que acumulan enormes cantidades de energía.
Se apreció en el cuerpo del enfermo un movimiento, o la sombra de un movimiento, tan leve como un soplo de aire que uno no alcanza a sentir y, sin embargo, riza la superficie tranquila del agua.