Las prédicas de su abuelo se volatilizaron cuando Alba vio por primera vez a Miguel, en una memorable tarde de llovizna y frío, en la cafetería de la universidad.
Para la fe cristiana, Juan fue el precursor de Jesús por dedicar sus prédicas a anunciar su llegada al mundo y encontró en bautizar a Jesús como su más grande alegría y orgullo.