Callejeamos hasta llegar a El Buen Gusto, elegimos nuestros pasteles y nos sentamos a comerlos en un banco de la plaza de la iglesia, entre palmeras y parterres.
El país parecía un jardín ininterrumpido, cuyos campos parcelados, en su mayoría de cuarenta pies cuadrados, daban la impresión de ser parterres de flores.
Los flamencos han llegado a divinizar el tulipán, y en toda Holanda se habla de los tulipanes de Van Baerle y de sus parterres, sus fosos y sus cámaras de secado.