Los síntomas propios de esta enfermedad eran fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales;y en ocasiones, dificultades para respirar y hemorragias nasales.
Los caballos perciben el medio que les rodea principalmente a través de la visión y de los receptores químicos que se localizan en sus fosas nasales y en los bigotes.