Lo guardaba todo en una pequeña caja de caudales cerrada con siete llaves en el segundo cajón de la mesilla de noche. A treinta de cada mes entregaba el montante a Candelaria.
O, con gran tino, elegía telas poco costosas y hechuras que requirieran una más simple elaboración: conseguía así adelgazar hasta el extremo el montante de las facturas sin mermar en demasía su elegancia.