Intentando simular normalidad, lancé al aire las buenas noches y me acosté. Permanecí despierta un rato, hasta que los trajines se fueron poco a poco acallando.
Así, pues, habiendo encontrado dos o tres remos rotos que pertenecían al barco, dos serruchos, un hacha y un martillo, aparte de lo que ya había en el arcón, me lancé al mar.
Candelaria la matutera, oportunista, peleona, desvergonzada y entrañable, ya estaba en la puerta rumbo al pasillo cuando, aún a media voz, lancé mi última pregunta.
Decidí empezar por ellos y lancé por la borda los que pude, pues eran muy pesados, amarrándolos con una cuerda para que no se los llevara la corriente.
Cuando yo lancé mi primer podcast, como les contaba ahorita, en el 2022, yo creía que con solo subir un episodio iba a tener miles, iba a tener millones de vistas, porque nada más necesitaba subirlo y ya.
Eso sí, no me lancé así nomás, sino que creé un proyecto donde me dediqué a comerme un sándwich distinto cada día del año, mientras lo iba registrando todo en Instagram a modo de bitácora.
Había cobrado aquel día mi paga de febrero y, poseída de las delicias de poderla gastar, me lancé a la calle y adquirí enseguida aquellas fruslerías que tanto deseaba.