¿Qué les parece a ustedes, señores y señoras del PP, meter a un ultraderechista en un gobierno como en Castilla y León, para que insulte, para que humille?
Al Barcelona habrá que enjuiciarlo en los tribunales y en los organismos deportivos, pero lo que no podemos permitir es que se insulte a sus profesionales en los terrenos de juego.
O sea, que realmente, a ver, que haga algo, que se ría, que te insulte, que te diga, que te llame de todo, para bien, para mal, pero que en el fondo, ¿sabes?
No insulte mi inteligencia, señor Langdon -profirió el hombre-. No tengo interés alguno en algo tan frivolo como el Santo Grial o el patético debate de la humanidad sobre qué versión de la historia es la correcta.
Y, claro, yo espero de alguien que sube a la tribuna y que está en la oposición, yo espero que critique al gobierno si considera que no lo ha hecho bien, pero que insulte.