Linda dice a veces palabras confusas, intenta hablar, repite enseñanzas, dice nombres, pero su voz muere súbitamente, convirtiéndose en un ronquido casi inaudible.
Mientras la ayudaba a acostarse, la niña seguía sufriendo a solas con un quejido casi inaudible, y a él lo sobrecogió la certidumbre de que estaba ayudándola a morir.
Gullersdorf se inclinó hacia él, asintió con la cabeza a las palabras que salían casi inaudibles de los labios del moribundo y después se dirigió a donde estaba Insteten.
Su secretario personal reconoció que su estado de salud era fragil, su voz prácticamente inaudible y que necesitaba silla de ruedas, pero aseguraba que estaba lúcido y de buen humor.
Cada botón accionaba un pequeño martillo que golpeaba un cilindro sólido de aluminio que tenía un largo variable y que emitía un sonido de muy alta frecuencia, inaudible para los humanos.
Siguió gritando hasta donde le daba la voz, repartiendo tramojazos de báculo contra quienes se pusieran a su alcance, pero su cólera era inaudible entre los gritos y las rechiflas de burla de la muchedumbre.