En aquel momento sonaron las diez, luego las once y luego las doce, y a la última campanada de media noche, todo el mundo fue a la terraza y el rey hizo llamar al pirotécnico real.
Y bueno, cuando acaban las campanadas, cuando ya nos hemos comido las uvas, con toda la boca llena de uvas, porque si lo probáis, es prácticamente imposible comerse todas las uvas en 12 segundos.
En España lo celebramos comiendo las tradicionales 12 uvas de la suerte mientras miramos en la tele la retransmisión de las campanadas desde la Puerta del Sol de Madrid y después brindamos.
Y le avisó: - Tú irás al baile, pero con una condición: cuando el reloj del Palacio de las doce campanadas, tendrás que volver enseguida porque el hechizo se acabará.
Cuando suenan las campanadas de la medianoche Cenicienta se sorprende de lo rápido que pasó el tiempo, huye velozmente y se queda en fachas a medio camino.
Sentado frente a él, el marqués agradeció aquel preámbulo de consolación, tan rico y dilatado, que fueron sorprendidos por las campanadas de las cinco.