Yo lo calmé y le dije que todo estaría bien pero era importante prepararnos para remar rápido y sin parar a la hora de llegar porque tendríamos que surfear algunas olas.
Yo calmé al oyente, Fernando, diciéndole que no se preocupara, primero que no me presumiera tanto poder, que su vida iba a seguir su curso normal, tuviera o no tuviera santo.
Ella se quejó porque era demasiado tiempo para aguantar tanto dolor, así que la calmé diciendo que tal vez era menos, que rogáramos a Dios que no fuera ya tanto dolor.
De nuevo la calmé, esperé con ella hasta que llegaron a la casa, de hecho los mismos oficiales, y revisaron absolutamente todo sin encontrar nada extraño, ni puertas ni ventanas forzadas, nada.