Los nombres que les damos a los días de la semana vienen del latín y, más concretamente, de los nombres de los astros del sistema solar, que eran dioses para los romanos.
Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía.
Luna también fue tradicionalmente aceptada como la personificación del astro lunar en la tierra y tenía su propio templo en el monte Aventino de la antigua ciudad de Roma.
Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros.