Cuando desembarcó con la ahijada en San Juan de la Ciénaga, apeló a las grandes reservas de su carácter y reconoció la ciudad contra todas las advertencias.
Que, aparte es mi ahijada, y entonces como paso mucho tiempo con ella, o a veces la tengo que cuidar, pues llevo algún chupete que su madre me ha ido dejando.
No, aparte nuestras, no sé si ya habíamos contado, pero nuestras ahijadas por obras del universo van juntas en un salón, van juntas en el mismo salón y ahora son compañeras y amigas.
Y en medio de la turbación que el repentino desalojamiento le produce, Don José siente un íntimo gozo al considerarse protector de su ahijada, al sentirla tan cerca de sí, sometida a su generoso amparo.
Amante de la vida, de la interpretación y la música no ha parado de sonar flamenco durante su despedida y una de sus voces más representativas la de su ahijada, Estrella Morente, le decía de esta forma adios.