La memoria de la Institución está recogida en las actas de las sesiones académicas, escritas por los distintos secretarios y conservadas en diferentes formatos desde el 3 de agosto de 1713 hasta nuestros días.
Sin embargo, Delaura había procurado el apoyo de cofrades insignes, y aun de otras comunidades, y ninguno se había atrevido a pronunciarse contra las actas del convento ni a contrariar la credulidad popular.
El obispo agradecía las actas, pero su falta de rigor contrariaba la claridad del proceso, de modo que el exorcista debía proceder según su propio criterio.