Muchos de los 225 poemas cortos de su colección, todas las odas, están dedicadas una pequeña variedad de artículos aparentemente insignificantes que nos rodean, desde un par de cordones hasta una sandía.
Ordenadamente nos fuimos dirigiendo hacia la verja del cementerio hasta que Candelaria se agachó de pronto y, simulando abrocharse la hebilla de un zapato, dejó que las hermanas se adelantaran con la gorda y las vecinas.
Se miraron el uno al otro, tomaron las zapatillas de correr que llevaban atadas y convenientemente colgadas del cuello, se las pusieron en las patas y se anudaron los cordones.
Muchos de los 225 poemas cortos de su colección, todas las odas, están dedicadas a una variedad de pequeños artículos aparentemente insignificantes que nos rodean, desde un par de cordones hasta una sandía.
Fuera Malpapeada, zafa de aquí perra sarnosa, anda a morderle los cordones al coronel, quédate quieta, no te aproveches del momento para fregarme la paciencia.
Ya estaba fuera de la cama, vistiéndose, pero la precipitación era fatal: equivocaba el zapato, se ponía la camisa al revés, la abotonaba mal, no encontraba el cinturón, sus manos temblaban y no podían anudar los cordones.