22 Y vinieron así hombres como mujeres, todo voluntario de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, sortijas y brazaletes, y toda joya de oro; y cualquiera ofrecía ofrenda de oro á Jehová.
Tenía, además de mi anillo de oro, comprado en Cartagena el año pasado, mi cadena con la medalla de la Virgen del Carmen, también comprada en Cartagena a otro marino por treinta y cinco pesos.
En efecto, la misión diplomática en pleno admiró el esplendor del anillo, que debía costar una fortuna, no tanto por la clase de los diamantes como por su antigüedad bien conservada.
Un día fué escogido por el anillo de un linterna verde fallecido que le otorgó el poder de crear cualquier objeto que pueda imaginar y usarlo en su beneficio.