Dentro de la fama que fue adquiriendo el caramelo, la tienda también empezó a tener mucha fama también ayudado por muchos personajes que pasaban por aquí del teatro, de los cafés que empezaron a coger gusto por venir a la tienda.
De aquel lugar, sin embargo, nos espantó una vecina: en el edificio de al lado residía una de las mejores modistas de la ciudad, una costurera de cierta edad y sólido prestigio.
Hasta el mismo lord Canterville, como hombre de la más escrupulosa honradez, se creyó en el deber de participárselo al señor Otis cuando llegaron a discutir las condiciones.