Aquí estamos en plena primavera, viendo cómo los días son cada vez más largos, y con ganas de que llegue el verano para volver a salir por las noches a las terrazas.
En este día la gente se reúne en parques o en otros lugares al aire libre para ponerse las botas a base de bocadillos de chorizo, longaniza y otro tipo de embutidos, acompañados de un buen vino o cerveza.
Lo conmovedor es que la campana no pertenece a un templo ni a una iglesia, está al aire libre, en un pabellón de piedra, como si su voz quisiera hablar no solo a los japoneses, sino al mundo entero.
La lluvia se deja venir y los organizadores del concierto, que, pobrecillos, porque era su primera vez organizando un concierto, en vez de cancelar el evento, deciden mover la sede del evento.
En cambio a ti, tío, te veo totalmente desubicado, hombre de naturaleza, con los rebaños por el campo, durmiendo al raso, y te veo ahí con unos auriculares en una casa.