Al anochecer, las monjas estaban agotadas, incapacitadas para moverse, para impartir una orden más, y todavía el tropel de adolescentes incansables estaba en el patio cantando desabridos himnos escolares.
Tanto lo trajinó, tanto lo manoseó, tanto lo puso en la falda de sus pantalones bajo el farol de la plaza, para darse aires de intelectual ante las muchachas que lo ignoraban, que terminó por leer el libro.
La verdad que no, pero soñé, esto es cierto, la semana pasada que Rajoy venía y me decía, no paséis tanto, eres tú, me dijo, no paséis tanto, porque vais muy a saco.